AVENIDA DE LA CONSTITUCIÓN

Nuestro paseo de hoy, tranquilo y sosegado, va a discurrir por una de las calles más importantes de la ciudad, que, tras la última remodelación que ha experimentado, se ha convertido en un bulevar de personajes ilustres, nacidos o no nacidos en Granada, pero relacionados con nuestra ciudad: La Avenida de la Constitución

Avda. de la Constitución
Avda. de la Constitución. Granada. Foto: Francisco López

Antes de adentrarnos en cada uno de los personajes que encontramos a lo largo del bulevar, voy a dar una breves pinceladas de la calle, su evolución histórica y los distintos nombres que ha tenido.

La calle tuvo su origen en 1504 cuando los RR. Católicos instalaron el campamento militar de San Lázaro (situado en el actual barrio de San Lázaro). La calle servía para comunicarse con la ciudad. Pero fue a partir de la llegada del ferrocarril a la ciudad y la construcción de la estación en la avda. de Andaluces en 1874 cuando la calle se convierte en una de las principales entradas y salidas de la ciudad.

La estructura de la calle fue diseñada como un bulevar que constaba de: una vía central para vehículos, dos amplias aceras para los peatones en las que se plantaron Plátanos de Indias que daban sombra a la avenida y dos calzadas laterales por las que circularían  los tranvías a partir de 1917, fundamentalmente los que procedían de la línea Santafé- Chauchina-Fuente Vaqueros y los de la línea Pinos Puente – Atarfe

Los que tenemos unos ciertos años nos acordamos cuando la Avda. de Calvo Sotelo era el bulevar que he descrito anteriormente. Paseábamos bajo la sombra de los plátanos de Indias y veíamos circular los tranvías por los laterales. Esta visión que hoy recordamos con nostalgia se rompió a raíz del pleno municipal del 6 de julio de 1973 en el que se tomó en consideración el proyecto de adecentamiento y modernización de la Avda. de Calvo Sotelo. Para esa época, los tranvías ya habían dejado de circular en Granada. La remodelación de la calle se llevó a cabo a partir de 1974. Según el alcalde, lo que se pretendía era modernizar Calvo Sotelo para convertirla en una avenida moderna que permitiera mayor velocidad y fluidez en el tráfico de entrada y salida a la ciudad. Se talaron los plátanos de Indias (430), desaparecieron los aparcamientos en superficie y las vías de los tranvías y se ampliaron las vías de circulación de vehículos.

En el año 2006 se remodela de nuevo la Avda, se construye un aparcamiento subterráneo que sacó a la luz los restos de la primera plaza de toros que hubo en Granada, se crea un paseo central con jardines en sus laterales y se reduce la circulación de vehículos quedando circunscrita a los laterales de la misma.

A pesar de los problemas que ha habido, la última remodelación ha recuperado la Avda. para los peatones, siendo una de las calles más transitadas por los granadinos de todas las edades.

A lo largo del tiempo, esta avenida ha tenido distintos nombres, nombres muy relacionados con el devenir político España: Real de San Lázaro, Avda. Alfonso XIII, a partir de 1931 se llamará Avda. de la II República, durante la Guerra Civil se le cambiará el nombre, concretamente el año 1937, pasando a llamarse Avda. Calvo Sotelo y, por último, adoptará el nombre de Avda. de la Constitución a partir de 1981

PERSONAJES ILUSTRES

Comenzamos nuestro recorrido en la confluencia de Avda. de la Constitución con la Gran Vía de Colón.. Nos vamos a encontrar una serie de esculturas que tienen dos características en común que responden a las condiciones que exigió el Ayuntamiento para poder ser colocadas en el bulevar: ser de bronce y realizadas a tamaño natural. La única que no responde al tamaño natural es la primera que encontramos

GONZALO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA “EL GRAN CAPITÁN”

La primera figura que encontramos es un busto, o mejor dicho, una gran cabeza esculpida en bronce por el escultor Miguel Moreno y que representa a Gonzalo Fernández de Córdoba, el “Gran Capitán

El Gran Capitán, título que le dieron sus soldados en 1496 tras infringir una severa derrota a los franceses en la batalla de Atella, en Italia, nació en Montilla el 1 de septiembre de 1453 y murió en Granada el 2 de diciembre de 1515

En su vida militar destacó en dos grandes campañas: La Guerra de Granada las Campañas en Italia.

En la Guerra de Granada destacó como soldado en el asalto de Antequera y de Castillo Tajarja. Ya como jefe participó en la conquista de Íllora, Montefrío y Loja. En esta última ciudad hizo prisionero al propio rey Boabdil del que llegaría a ser su amigo y con el que negoció, por mandato de los RR. Católicos, la rendición de Granada. Como compensación por sus servicios fue nombrado alcaide de Loja, recibió una encomienda de la Orden de Santiago, el Señorío de Órgiva y rentas sobre la producción de seda granadina.

Las Campañas Italianas fueron dos: 1494-1498 1501-1505 y tuvieron como objetivo fundamental defender el Reino de Nápoles que había sido atacado por los franceses. Además, ayudó al Papa Alejandro VI a defender los estados Pontificios y la ciudad de Roma. Batallas míticas fueron: Atella, por la que sus soldados le dieron el nombre de El Gran Capitán, Ceriñola (1503), Garellano (1503) y la toma de Gaeta (1504) que obligaron al rey francés Luis XII a firmar una tregua y posteriormente la Paz de Lyon en la que renunciaba a sus pretensiones sobre Nápoles. El Gran Capitán fue nombrado Virrey de Nápoles en 1505 y ostentó el cargo hasta 1507, año en el que Fernando, el Católico, tomó posesión del Reino de Nápoles y nombró otro Virrey.

Todos hemos oído hablar de las famosas “cuentas del Gran Capitán” Sea cierto o sea leyenda, esto le contestó al Rey Fernando cuando le pidió cuentas de en qué había gastado el dinero del reino:

” Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados, por limosna para que los frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados, por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados, por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.”

A su muerte fue enterrado en los franciscanos, hasta que, a iniciativa de su mujer, María de Manrique, se prepara el Monasterio de San Jerónimo para convertirse en Panteón familiar para descanso del Gran Capitán, su mujer y parte de su familia. Los franceses profanaron su tumba durante su estancia en Granada (1810-1812). Se llevaron su cuerpo, que, después de varias peripecias, volvió a Granada, aunque no se puede afirmar con certeza que los restos que hay en San Jerónimo sean del Gran Capitán

ELENA MARTÍN VIVALDI

La siguiente figura que encontramos pertenece a la poetisa granadina Elena Martín Vivaldi

Elena Martín Vivaldi.
Elena Martín Vivaldi. Autor: José A. Castro Vílchez. Granada. Foto: Francisco López

Elena Martín Vivaldi nació el 8 de febrero de 1907 en Granada y murió, también en granada, el 8 de marzo de 1998. Pertenecía a una familia acomodada. Su padre, José Martín, fue Catedrático de Ginecología y Obstetricia, primer alcalde republicano en Granada, aunque a los cuatro meses renunció porque “lo suyo era curar”. Posteriormente fue presidente de la Diputación Provincial de Granada.

Empezó sus estudios sus estudios en el Colegio “Riquelme”, después pasó al Instituto Padre Suárez, siendo de las pocas mujeres que estudiaron en su tiempo.Se diplomó en Magisterio en Guadix y en 1933, en contra de los deseos de su madre, pero animada por su padre, se matriculó en la Universidad de Granada obteniendo la Diplomatura en Filología Románica. Trabajó en Osuna como profesora de Latín, pero, a la muerte de su padre en 1939, se traslada a Madrid para preparar las oposiciones para el Cuerpo de Bibliotecas, Archivos y Museos. En 1942, obtiene su plaza como Archivera, trabajando en Huelva y en el Archivo de Indias en Sevilla. En 1948 vuelve definitivamente a Granada, ocupándose de las bibliotecas de las Facultades de Medicina y Farmacia, siendo directora de la Biblioteca de Farmacia hasta su jubilación en 1977.

Desde el punto de vista literario es difícil encuadrar a Elena Martín Vivaldi en alguna corriente literaria: 1927, 1936, años 50, porque bebe en muchas fuentes: es admiradora de Bécquer, Machado, Juan Ramón Jiménez y el romanticismo andaluz del XIX, lee con gran pasión a poetas del Siglo de Oro Español como Lope, Garcilaso o San Juan de la Cruz, pero también admira a sus contemporáneos: Alexandre, Salinas, Alberti, Lorca, Miguel Hernández o Jorge Guillén.

Su poesía es intimista, melancólica, romántica. Sus temas más recurrentes son la soledad, el desengaño, el despecho, la naturaleza, los árboles, las flores, los pájaros …

Sus primeros poemas publicados aparecieron en 1945 bajo el título: Escalera de Luna. De sus libros de poemas, por destacar alguno, podemos señalar: El alma desvelada, de 1953 y Durante este tiempo, de 1972.

Su forma de vida la convierte en una rebelde en la España del franquismo: se rebela, escribe, fuma, viste pantalones, se sienta sola en los cafés, tiene un trabajo para no depender de nadie. Su vida, en cierta forma, se verá condicionada por el desengaño amoroso y la ausencia de hijos.

Fue declara Hija predilecta de Granada y recibió la Medalla de la Real Academia de Bellas Artes de Granada.

                                                                        AMARILLOS                                                                                                  Serena de amarillos tengo el alma                                                                                                      Yo no lo sé ¿Serena?                                                                                                                              Parece que entre el oro de sus ramas                                                                                                algo verde me encienda.                                                                                                                        Algo verde, impaciente, me socava.                                                                                                    Dios bendiga su brecha .                                                                                                                        Por este hueco fértil de mis ansias                                                                                                      un cielo retrasado me desvela.                                                                                                            Ay, mi esperanza, amor, voz que no existe,                                                                                      tú, mi siempre amarillo.                                                                                                                        Haz un sol de crepúsculos ardientes;                                                                                                ponte verde, amarillo.

                                                       Elena Martín Vivaldi

                                                               DESTINO                                                                                                                Entre tí, soledad, me busco y muero                                                                                                  en tí, mi soledad, mi vida sigo,                                                                                                            vencida por tus brazos voy contigo                                                                                                    y allí te aguardo donde ya no quiero.

Desde siempre en mi calle yo te espero                                                                                             y amante de mis noches te persigo,                                                                                                   si alguna vez, dolida, te maldigo,                                                                                                         desde tu ausencia, triste, desespero.

Me diste la esperanza de tenerte                                                                                                        en mi dolor. Guiada por tu mano                                                                                                        subí los escalones de la muerte.

Aquí donde a tu sombra soy crecida                                                                                                  el tiempo, tuyo y mío, va cercano                                                                                                        dejándome la sangre ya cumplida

                                                   Elena Martín Vivaldi

 

FEDERICO GARCÍA LORCA

Seguimos nuestro paseo. El siguiente personaje que encontramos necesita poca presentación: Federico García Lorca. La obra en broce y a tamaño natural es obra del escultor cordobés, nacido en Bujalance, Juan Antonio Corredor

Federico García Lorca
Federico García Lorca. Autor Juan Antonio Corredor. Granada. Foto: Francisco López

García Lorca nació en Fuente Vaqueros el 5 de junio de 1898 y murió fusilado, entre Viznar y Alfacar, en la madrugada del 18 de agosta de 1936, según cree Ian Gibson. Fueron sus padres Federico García Rodríguez, un latifundista de la vega granadina, y Vicenta Lorca, maestra en Fuente Vaqueros, con la que se casó en segundas nupcias tras la muerte de su primera mujer, Matilde Palacios. Federico fue el mayor de cinco hermanos. En 1906 la familia se trasladó a Asqueosa, actualmente Valderrubio. En 1909 trasladan el domicilio familiar a Granada a la Acera del Darro y en 1917 se trasladan a la Acera del Casino. En 1933 se trasladaría la familia a Madrid, manteniendo en Granada la Huerta de San Vicente como casa de veraneo. Después de la muerte de Federico, se exilia la familia a Nueva York en 1940. Su padre murió en Nueva York en 1945 y su madre en Madrid en 1959.

Lorca se matriculó de Bachillerato en el curso 1909 – 1910 en el Instituto General Técnico, llamado Instituto Padre Suárez a partir de 1934. El Instituto, en ese momento, estaba ubicado el el Palacio de los Marqueses de Caicedo, actualmente el Conservatorio Superior de Música Victoria Eugenia, en la Calle San Jerónimo. No fue un estudiante brillante. En su adolescencia, se inclinó más por la música, tenía un profesor de piano, que por la literatura.

En el curso 1914 – 1915 se matricula en la Universida de Granada en las carreras de Filosofía y Letras Derecho. Sus compañeros lo conocía por “el músico”. De los viajes que realizó durante su etapa de universitario escribió su primer libro: Impresiones y Paisajes.  Durante esta etapa participó en la tertulia de jóvenes intelectuales “El Rinconcillo”. Entre los personajes que pasaron por ella tenemos a: Manuel de Falla, Gallego Burín, Ángel Barrios, Manuel Ángeles Ortíz, Fernando de los Ríos, Hermenegildo Lanz, Andrés Segovia, etc. 

Terminados los estudios, con ayuda de Fernando de los Ríos, sus padres le permiten irse a Madrid a la Residencia de Estudiantes. Era el año 1919. Allí hizo amistad con Luis Buñuel,Rafael Alberti y Salvador Dalí. Conoció a Eduardo Marquina, Ralmón Gómez de la Serna o a Juan Ramón Jiménez. 

A su vuelta a Granada se va a encontrar con otro personaje que va a influir en su desarrollo artístico: Manuel de Falla. De su colaboración con Falla Ignacio Zuloaga y apoyado por el Ayuntamiento de Granada, surgirá el Primer Concurso de Cante Jondo, celebrado en junio de 1922. Concurso que se considera como uno de los antecedentes del mundialmente conocido Festival de música y Danza de Granada. Fruto de su interés por el cante jondo surje su libro de versos Poema del Cante Jondo, 1921

Un personaje importante en la vida de Lorca fue Salvador Dalí. Pasó con él algunas temporadas entre 1925 y 1927, lo que ha dado mucho que hablar ya que Lorca amaba locamente a Dalí. Dalí escribió a su amigo y escritor Max Aub: “Federico, como todo el mundo sabe, estaba muy enamorado de mí, y probó a darme por el culo dos veces, pero como yo no soy maricón y me hacía un daño terrible, pues lo cancelé en seguida y se quedó simplemente en una cosa puramente platónica y en admiración”. Fruto de esta relación, Lorca escribió la “Oda a Salvador Dalí” y Dalí le hizo el decorado para el estreno de su tragedia Mariana Pineda, la heroína granadina, en 1927 en Barcelona.

En 1929 acompañó a Fernando de los Ríos a Nueva York, ciudad en la que estuvo nueve meses. El resultado de esta estancia es su libro de poemas Poeta en Nueva York

Con la proclamación de la II República, Lorca se incorpora a la Política Cultural de la misma con la organización y dirección del teatro universitario La Barraca, con la idea de poner el teatro al servicio del pueblo con la representación de obras del teatro clásico español por los pueblos de España. A partir de esta nueva experiencia, Lorca deriva su creación literaria fundamentalmente al teatro, escribiendo sus obras mas conocidas: Bodas de Sangre, 1933, inspirada en un suceso real: el drama de la novia que huye tras su boda con un antiguo novio (Leonardo), Yerma, 1934, que se centra en el tema de la maternidad frustrada y La Casa de Bernarda Alba, 1936, en la que la pasión por la vida de la joven Adela, encerrada en su casa por el luto por su padre y oprimida por una madre tiránica, estalla en una rebeldía que no teme a sus consecuencias.

Lorca, desde el punto de vista literario , se encuadra dentro de la Generación del 27, en la que se encuentran: Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre, García Lorca, Emilio Prados, Luis Cernuda, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, León Felipe, y entre las mujeres, María Zambrano, Rosa Chacel, o María teresa León. Es tal el número de artistas, escritores, músicos de esta época que se considera como la Edad de Plata Española.

Por no extenderme más, voy a nombrar, simplemente, otras obras de Lorca: Libro de Poemas, 1921, Primer Romancero Gitano, 1928, El Diván del Tamarit, 1931 – 1934, Dª Rosita la Soltera, 1935, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, 1935

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

A las cinco de la tarde.                                                                                                                           Eran las cinco en punto de la tarde.                                                                                                   Un niño trajo la blanca sábana                                                                                                           a las cinco de la tarde.                                                                                                                           Una espuerta de cal ya prevenida                                                                                                       a las cinco de la tarde.                                                                                                                            Lo demás era muerte y sólo muerte                                                                                                  a las cinco de la tarde.                                                                                                                            ……………………………………………                                                                                                                  A las cinco de la tarde.                                                                                                                          ¡ Ay que terribles cinco de la tarde¡                                                                                                    ¡ Eran las cinco en todos los relojes¡                                                                                                   ¡ Eran las cinco en sombra de la tarde¡                                                                                             ………………………………………………………….                                                                                                   ¡ Que no quiero verla¡                                                                                                                           Dile a la luna que venga                                                                                                                       que no quiero ver la sangre                                                                                                                 de Ignacio sobre la arena.                                                                                                                      ¡Que no quiero verla¡                                                                                                                             ………………………………………………………                                                                                                       Por las gradas sube Ignacio                                                                                                                 con toda su muerte a cuestas.                                                                                                             Buscaba el amanecer                                                                                                                             y el amanecer no era.                                                                                                                             Buscaba su perfil seguro                                                                                                                       y el sueño lo desorienta.                                                                                                                       Buscaba su cuerpo hermoso                                                                                                                 y encontró su sangre abierta.                                                                                                               ¡ No me digas que la vea¡                                                                                                                     ……………………………………………                                                                                                                       Federico García Lorca