De Granada a Huétor Santillán

Programamos esta ruta a pie de Granada a Huétor Santillán, bordeando el río Darro, para el día 6 de Abril, con la esperanza de que el tiempo nos acompañara, y ¡vaya si nos acompañó¡ Hizo un día espléndido.

En realidad, la ruta comenzó el día anterior, ya que, para asegurarnos la vuelta por el mal funcionamiento del transporte público el domingo, subimos los coches a Huétor Santillán. Allí nos encontramos con Antonio, organizador y alma mater de la misma. En su casa dejamos los coches.

Nos citamos a las 10 de la mañana en Plaza Nueva. Allí nos encontramos los ocho miembros del grupo a la hora fijada. Después de los saludos y besos de rigor, nos disponemos a empezar la marcha.

Si los principios marcan el devenir de los acontecimientos, la ruta debe ser maravillosa, porque ¡vaya principio¡: Plaza Nueva, la Real Chancillería, San Gil y Santa Ana y, presidiendo todo, la Torre de la Vela.

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Plaza Nueva. Iglesia de San Gil y Santa Ana. Granada. Foto: Francisco López

Tomamos dirección a la Carrera del Darro. ¡Qué espectáculo se presenta ante nosotros¡ En el centro: el río, el agua, a un lado (la margen derecha del río) San Pedro y San Pablo, el convento de Zafra, la Casa de Castril, el Bañuelo, y al otro lado (la margen izquierda del río), la Alhambra, subida encima de su cerro, dominándonos desde la altura. Además, contamos con el rumor del agua, rumor que nos acompañará a lo largo de toda la ruta.

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Carrera del Darro. Granada. Foto: Francisco López

Carrera del Darro, Paseo Padre Manjón (generalmente conocido como Paseo de los Tristes), Cuesta del Chapiz. En la Cuesta del Chapiz, a nuestra derecha, a través de una puerta abierta, vemos el Palacio de los Córdoba. Siguiendo la calle llegamos a las Casas del Chapiz, edificio morisco del siglo XVI compuesto por dos casas levantadas sobre un palacio nazarí ( la Casa Blanca o Dar – al – Baida); hoy, este edificio es la sede de la Escuela de Estudios árabes.

Llegados a la plaza Peso de la Harina (llamada así porque en el siglo XVII se pesaba la harina en este lugar), pedimos permiso a CHORROJUMO, patriarca gitano, para adentrarnos en sus dominios: el Sacromonte. El acceso lo hacemos, con nuestra imaginación, a través de la Puerta de Guadix Alta y siguiendo el Camino del Sacromonte. De nuevo, recuperamos a nuestro acompañante: el río.

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Plaza Peso de la Harina. Monumento a Chorrojumo. Albaicín. Granada. Foto: Francisco López

Por el Camino del sacromonte recordamos al Padre Manjón, a sus Escuelas del Ave María y la Gran obra social que hizo y que sigue haciendo. También encontramos, cerradas a estas horas de la mañana, las famosas cuevas o “zambras”: Los Tarantos, La Rocío, María la Canastera, etc. que todavía causan fascinación en muchos visitantes, tanto extranjeros como nacionales.

Allá en lo alto, a nuestra izquierda, vemos otro de los hitos de la Granada monumental: la Abadía del Sacromonte, levantada a principios del XVII para recordar el hallazgo de las reliquias de varios discípulos del Apóstol Santiago. Entre estas reliquias están las de San Cecilio.

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Abadía del Sacromonte. Granada. Foto: Francisco López

 

Dejamos el Camino del Sacromonte y entramos en la calle Santo Sepulcro del Sacromonte, donde encontramos la ermita del Santo Sepulcro, llamada del Sacromonte para diferenciarla de otras del mismo nombre que existían en Granada.

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Cruz y Ermita del Santo Sepulcro. Sacromonte. Granada. Foto: Francisco López

Esta ermita era el final de una de las famosas vías sacras que existieron en Granada. Era la vía sacra de la Tercera Orden de San Francisco. La primera estación de esta vía sacra o Vía Crucis solía empezar en la iglesia de San Pedro y San Pablo. Esta vía la recorrían todos los viernes del año y, por supuesto, el Viernes Santo. La ermita se construyó en 1633, con planta de cruz latina y cubierta abovedada. La cruz que hay delante de la ermita parece que se erigió en recuerdo de los mártires de la persecución de Diocleciano en el año 303

Continuando por nuestra ruta, saliendo ya de Granada, vemos la pequeña vega que forma el Darro, con campos primorosamente cultivados con productos muy granadinos: habas, alcachofas, patatas, …

Llegados al final de la calle asfaltada, después de pasar el Puente Mariano, y, antes de adentrarnos en el camino de tierra que nos lleva a Huétor Santillán y a Beas, hacemos una parada para echar la vista atrás, sin miedo a quedarnos convertidos en estatua de sal como le ocurrió a la mujer de Lot cuando salió de Sodoma. Lo que vemos nos sobrecoge: a la izquierda, a lo lejos, recortada sobre el horizonte, la Alhambra, a la derecha, el Albaicín, el Sacromonte y la Abadía y, en el centro, el río y su vegetación de ribera

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Alhambra, Albaicín, Valle de Valparaiso. Granada. Foto: Francisco López

Nos sale un ¡Oooooh¡ No lloramos como Boabdil. Nos vamos, pero volveremos. No podemos quedarnos mirando hacia atrás, hay que seguir la marcha

Entramos en el camino. En el primer tramo del mismo, encontramos: grupos organizados (por el utillaje que llevaban se nota que están acostumbrados a salir de ruta), esforzados ciclistas y ruidosos motoristas que rompen el silencio que reina en la naturaleza y deterioran el paisaje y los caminos con sus, en muchos casos, absurdas demostraciones

Algunos del grupo no pierden la ocasión para recoger algunos productos que la naturaleza nos ofrece gratuitamente: hinojos y espárragos

De la vegetación que descubrimos a lo largo del camino, me llamó la atención una gran encina y los álamos blancos, que se encontraban florecidos, con  llamativas flores por su delicadeza. Después de llevar caminando un buen rato junto al río, llegamos a la Hacienda – Cortijo Jesús del Valle

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Hacienda Jesús del Valle. Granada. Foto: Francisco López
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Foto del grupo en la Hacienda Jesús del Valle. Granada. Foto: Emi

La Hacienda – Cortijo Jesús del Valle se encuadra dentro de la tipología de las grandes explotaciones agropecuarias de los Jesuitas en Andalucía. El tipo de edificio responde a una gran superficie construida, organizada en torno a un patio central  y una zona de corrales adosada. También existían otros cuerpos destinados a residencia de la comunidad  y todo ello rodeado por tierras de labor y prados.

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Hacienda Jesús del Valle. El grupo en marcha. Foto: Francisco López

En el conjunto se distinguen dos zonas bien delimitadas. La primera zona era la Hacienda propiamente dicha, construida entre finales del siglo XVI y el siglo XVII. En ella había cuatro sectores diferenciados: el molino de aceite, el molino de harina, el lagar y los corrales. La segunda zona, construida en el siglo XVIII, estaba destinada a residencia,  descanso y retiros espirituales de los miembros de la Compañía.

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Hacienda Jesús del Valle. Zona de la comunidad. Granada. Foto: Francisco López

Sin entrar en polémicas por el estado ruinoso de la Hacienda, porque no es nuestro objetivo, ni el lugar más adecuado, continuamos nuestra ruta.

A poca distancia de Jesús del Valle, nos encontramos con otro de los elementos importantes de esta ruta: La Presa que da origen a la Acequia Real que abastece de agua al Generalife y a la Alhambra.

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Presa de la Acequia Real. Río Darro. Foto: Francisco López

Cuando  Muhammad I, primer rey de la dinastía nazarí en Granada, decide trasladar la corte del Albaicín (Alcazaba Qadima o Vieja) a la colina de la Sabika (al otro lado del río Darro, enfrente del Albaicín) se le presenta un problema: cómo abastecer de agua al Generalife y a la Alhambra. Esta dificultad la  va a solucionar tomando el agua del río Darro. Para ello, mandará construir una presa (la actual es una remodelación de mitad del siglo XX) a unos 6 Kilómetros de Granada y, a través de una acequia: la Acequia Real, llevar al agua al recinto. Esta acequia discurrirá durante unos 600 metros por la margen derecha del río, y, a partir del Molino del Rey, discurrirá por la  izquierda hasta llegar al Generalife por la Acequia del Tercio y por la acequia de Dos Tercios  a la Alhambra.

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Presa de la Acequia Real. Principio de la Acequia. Río Darro. Foto: Francisco López

Seguimos nuestra ruta por la margen derecha del río. Nuestro objetivo ahora es cruzar el río. Antonio busca algún puente, y, ante la imposibilidad de encontrarlo, decidimos cruzar por una vaguada. Nos descalzamos, nos metemos en el agua y cruzamos al otro lado. El agua estaba bastante fresca. Después de esta sorpresa, en el fondo, agradable, seguimos nuestro camino.

Lo siguiente que nos encontramos fue una sorpresa desagradable: una barrera que nos impedía el paso, pero, como los viandantes tenemos más razón que el que ha puesto la barrera, accedemos al camino. Hemos entrado en el cortijo Cortés, el famoso cortijo de los perros. Cuando nos acercábamos, empezó la jauría a ladrar. Solamente un perro tuvo la osadía de seguirnos, los demás estaban en espacios vallados. Al final, mucho ruido y pocas nueces.

Cuando salimos del cortijo, salvando otra barrera, divisamos a lo lejos las primeras casas de Huétor Santillán.

Accedemos al pueblo a través del Puente Medieval y lo primero que encontramos es la depuradora de aguas. Continuamos por una empinada cuesta que nos lleva a la Plaza de la Unidad en cuya fuente nos refrescamos. Junto a la plaza se encuentra la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación, construida en el siglo XVI.

De la Plaza de la Unidad y con el objetivo ya cumplido, nos dirigimos al restaurante, en el que habíamos reservado el día anterior, para reponer fuerzas.

Aquí termina nuestra ruta. Después de comer y tras los correspondientes besos y saludos, nos despedimos hasta la próxima. En los coches que habíamos dejado en casa de Antonio regresamos a la ciudad.